La Esperanza II

Nuestra ansiedad provoca en nosotros la urgencia de todo, pero como la vida no tiene obligación ni tampoco es nuestra esclava, se encapricha y no nos satisface a la hora que nosotros lo exigimos, por lo tanto, nuestra ansiedad ingresa en la desesperación cuando esta desesperación presiona demasiado y la vida no responde a nuestras urgencias, nace en nosotros la esperanza, como forma de ilusión resignada que promete saciar algún día nuestra ansiedad.

La esperanza es por consiguiente, la capitulación del capricho convertido en resignación, que termina sustentándose en la posibilidad de concretarse en el futuro, lo que significa que no aceptamos la vida tal cual ella es, creando de esta manera nuestro conflicto interno y el sufrimiento posterior.

Somos educados para vivir en la irrealidad y la ilusión, no para percibir lo que es y la realidad, ésa es la razón por la  cual la esperanza tiene tanto éxito en nuestro vivir porque con ella podemos creer que en el futuro todo es posible,  mientras que en la realidad (la práctica de la vida diaria) del presente, es negada esa ilusión, y nos termina haciendo  cómplices del abuso intelectual de los líderes, de la explotación y de la crueldad, que se ejecuta con nosotros y los demás, mientras seguimos pensando que mañana todo será diferente.

Adoptamos la esperanza como un escape que nos permita eludir la realidad desagradable que nos toca vivir, puesto   que ella alimenta la ilusión del futuro, no del aquí-ahora, lo que termina transformándose en una entretención  psicológica que desarrolla uno de los factores que alimenta la mantención del miedo en nuestro vivir y el consecuente sufrimiento. La ilusión. Al ser la esperanza una ilusión futurística, se presenta como la herramienta perfecta para crear falsas expectativas, de modo que para establecerla sólo se necesita de promesas, y esto lo saben mejor que nadie las autoridades y los líderes, los cuales usan esta herramienta para alcanzar sus fines egoístas y sus ambiciones personales.

La esperanza desarrolla ilimitadas expectativas con lo cual acrecienta la ansiedad, el desespero, la ilusión y el  consecuente sufrimiento, cegando a su poseedor de toda objetividad, imparcialidad y racionalidad, desembocando  todo esto en la aceleración del parloteo de la mente y la obsesión. Cuando la vida no satisface lo que deseamos o queremos, surge en nosotros la resignación y ella nos deja como recuerdo de nuestro fracaso a la esperanza en forma de hijo adoptivo, que juega a convertirse en hijo verdadero algún día. La esperanza nos recuerda de nuestro fracaso en  la satisfacción de nuestros deseos, y ésa es la razón por la cual la mantenemos con nosotros durante tanto tiempo para que algún día se cumpla, y de esa manera revertir la situación, de suerte de estar algún día […] dentro del círculo de los triunfadores y exitosos.
La falta de comprensión de lo que es tal cual es, y no como nosotros desearíamos que fuera, nos deja como única  alternativa el mantener viva la esperanza, creyendo que de esa manera somos sensibles, racionales y humanos, sin  poder percibir que es justamente el alimento de la esperanza quien nos hace seres ilusorios, faltos de sensibilidad e inteligencia, porque nos guste o no, la vida es lo que es, y la falta de comprensión de esta simple realidad demuestra nuestra falta de sensibilidad para percibir racional e inteligentemente lo que es.

Mientras mantengamos viva, mediante todo tipo de argumentos y justificaciones a la esperanza, seguiremos expuestos  al auto-engaño y a la desilusión que nos provoca el depositar la confianza en las promesas de los demás. El mantener  viva a la esperanza es mantener viva a la ilusión, el deseo y como consecuencia a la ignorancia, a la irracionalidad y a la ausencia de inteligencia. Para demostrarlo sólo vea que hemos depositado toda nuestra esperanza en el neo-liberalismo y hoy nos gobierna el placer, el dolor, el deseo, la ambición, el egoísmo, la codicia, el miedo… y la eterna esperanza.