La Contemplación Interior

Todo el arte de la mixta-realización consiste en descubrir y comprender, como adultera tu mente y desnaturaliza intelectualmente los hechos, creando el conflicto, la confusión y la consecuente ignorancia. Entender y comprender este vicio intelectual es lo que te conduce hacia la Verdad que anida en tu corazón.

Vuestro corazón no piensa, él solo siente, y ello hace que sea la Sabiduría quien ponga sus manos sobre el Reino de los Cielos, sobre el Vacío, sobre la Esencia, sobre la Naturaleza Original, puesto que el Reino de los Cielos esta más allá del reino de la relatividad. Su captación por parte de la sabiduría no es una captación en el sentido intelectual ordinario de cómo entendemos las cosas, porque todo nuestro conocimiento relativo se relaciona con las dualidades, las contradicciones, las ambivalencias, las divisiones, las comparaciones, mientras que dicha captación es perceptiva y, por lo tanto, tal Visión es directa, unidireccional y holística.

Una vez alcanzado esto el Reino de los Cielos cae constantemente dentro de nosotros, siempre se encuentra a nuestro alcance, o sea, esta siempre con nosotros y en nosotros, y ello hace que condicione todo nuestro conocimiento, todos nuestros actos. Pero cuando intentamos agarrarlo, poseerlo, adueñarnos de él, nos elude, frustra todo nuestro esfuerzo, y se desvanece como vapor.
De manera que se trata que el Reino de los Cielos medite en ti, no que tu medites sobre el Reino de los Cielos, puesto que Reino de los Cielos significa carecer-de-mente en cualquier situación, hecho o circunstancia, vale decir, no ser limitado por situación alguna. Enfrentar todas las circunstancias objetivas posibles y a pesar de todo estar enteramente libres de cualquier forma de agitación, esto es vivir el Reino de los Cielos. Pero ser consciente de la consciencia es una forma falsa de vivenciar el Reino de los Cielos.

VER el Reino de los Cielos no significa forma alguna de auto-consciencia, ni consiste en hundirse en un estado de éxtasis, indiferencia, conformismo, o apatía, donde se eliminan todos los vestigios de consciencia ordinaria. VER el reino de los Cielos es estar consciente y, con todo estar inconsciente del reino de los Cielos.

Ver dentro del reino de los Cielos es entender y comprender la auto-naturaleza, entender la auto-Naturaleza es no aferrarse a nada, no aferrarse a nada es la meditación dentro del Vientre del Reino de los Cielos, porque la Sabiduría y la Meditación se convierten en idénticos en el Reino de los Cielos, puesto que cuando la conquista del Reino de los Cielos se ha hecho realidad, esto no es conquista alguna, y el Reino de los Cielos sigue siendo todo el tiempo la Sabiduría-meditación serena, inmutable e imperturbable, de forma que la conquista del Reino de los Cielos nunca ha de confundirse con un logro, ni con la realización como resultado de tal afán, puesto que, así como no hay realización en el despertar de la sabiduría, tampoco hay realización en el Reino de los Cielos. Esto permite la libertad absoluta ya que como no hay logro alguno, no hay apego, lo que significa vivir en el Reino de los Cielos sin estar apegado a él.

El cielo es el vacío absoluto donde mora y existe el universo completo. Vivir en el reino de los Cielos bajo todas las circunstancias es posible porque la naturaleza última de todas las cosas es el vacío mismo de nuestra existencia y ello hace que sea inalcanzable para el intelecto. Vivir lo imperturbable del Reino de los Cielos Interior y no hacer surgir pensamiento alguno sobre su inmovilidad eso es sabiduría; vivir el Reino de los Cielos y no hacer surgir pensamiento sobre su inmanencia, eso es meditación; percibir la mente pura e inmaculada y no hacer surgir pensamiento alguno sobre su pureza, eso es Reino de los Cielos Interior.

Al no abrigar pensamiento en cuanto al Reino de los Cielos, no hay apego y no tener apegos significa, no agitar sentimientos de amor u odio; ello te lleva a vivir el Reino de los Cielos Interior en la practica del diario vivir.
Vivir en el Reino de los Cielos y con el Reino de los Cielos significa renuncia a los vienes físicos como intelectuales. Los vienes materiales sustentan y dan comodidad al cuerpo. Los vienes intelectuales sustentan y dan vida a la ignorancia. Los vienes intelectuales o materiales siempre controlan a su poseedor, de modo que vivir en el Reino de los Cielos es “hagase tu voluntad y no la mía”, es preocuparse por el mundo interior puesto que “los vienes de la tierra te serán dados por añadidura”, porque hasta “los pájaros no se preocupan que comerán mañana”.

Vivir en el Reino de los Cielos es vivir bajo la voluntad Divina, ya que todas las acciones o sucesos, incluido los pensamientos, que tengo o llegan a mi, son de la Voluntad Divina, en la medida que de mi parte, no hay apego ni ataduras ni anhelos, y mi mente se encuentra desconectada de las cosas del pasado, presente y futuro. Desconectarse de las cosas del pasado, presente y futuro queda plasmado en: “no os preocupéis por las cosas del mañana, puesto que el mañana tendrá sus propios afanes; basta con el afán del día”. O sea, si reemplazáis “mañana” por futuro y “día” por presente, se nos esta señalando que el apego al tiempo es un lastre que imposibilita vivir de instante en instante, o sea, naturalmente.

Por discriminaciones erróneas y especulaciones eternas, uno concibe un Reino de los Cielos al cual nuestro ser debe llegar. Esto crea un punto de vista confuso que imposibilita la Visión Directa del Reino de los Cielos porque consideramos que somos nosotros los que debemos ver el reino de lo cielos de la misma manera que vemos una manzana y no la sabiduría perceptiva-intuitiva. Estas discriminaciones erróneas nacen de la ignorancia que es incapaz de darse cuenta que ninguna expresión intelectual llega a satisfacer la demanda subterránea que realiza la insatisfacción existencial.

La sabiduría se despierta abruptamente en nuestra auto-naturaleza, o sea, en el reino de los Cielos Interior, y ello es vivido por nuestra Mente. Primero llega el hecho, seguido por la consiguiente intelectualización. Debemos tener en claro que el Reino de los Cielos, la auto-naturaleza, no es un concepto de nada-nihilista, es mas bien un concepto de sustancia anímica, de manera que el despertar abrupto se debe a que la sabiduría actúa desde la percepción-intuición y lo que percibe es percibido de inmediato, sin mediación, deliberación ni proceso alguno. Vale decir que, la experiencia espiritual consiste fundamentalmente en VER dentro del accionar del Reino de los Cielos, de la sabiduría, para discernir correctamente en nuestro mundo de dualidades y contradicciones, lo que significa que debes hacer girar los evangelios en torno tuyo, no girar tu en torno a los evangelios.

Para que todo esto acontezca la sabiduría debe despertarse en tu naturaleza, puesto que, si no experimentas esto nunca tendrás la oportunidad de conocer al Cristo, no solo en ti mismo sino también en los demás; entonce solo te restara creer, adorar y dedicarte al culto de su personalidad. El despertar de la sabiduría en tu Naturaleza Original no es un acto particular cumplido en el reino de la consciencia empírica, es un hecho que acontece en el transfondo de la consciencia haciendo lucida la inmentalidad, de manera que se parece al reflejo de la luna en un arroyo, esta fija pero a la vez fluye, vale decir que no es como funciona tu consciencia actual, todo fijo, inamovible y esquemático.

La sabiduría es el despertar de la consciencia en toda la mente, o sea, es el despertar de la inmentalidad (la parte desconocida de la mente) transformándose en consciente, de forma que la sabiduría comienza a funcionar en las dos direcciones: desde la consciencia hacia la inmentalidad y desde la inmentalidad hacia la consciencia, de manera que lo desconocido se hace conocido. Vale decir, la sabiduría despierta a la inteligencia en el consciente y alumbra la parte desconocida de la mente: la inmentalidad. La sabiduría orientada hacia la inmentalidad es la sabiduría propiamente dicha, mientras que la sabiduría de la consciencia ordinaria [que ve el mundo dualista] es discriminativa, discernitiva, lo que en la MENTE podemos vislumbrar como dos aspectos: la Mente-Sabiduría de la no discriminación y la mente dualista que discierne.

La sabiduría cuando liga al consciente con la inmentalidad, realiza la transformación de la mente, puesto que saca a la mente dualista del mundo en que se deleita y que se mezcla con todas sus multiplicidades, llevándola desde el pensamiento-mente hacia el silencio-percepción. Es conocido y por tanto innegable que la consciencia ordinaria es pensamiento excluyente y charlatanería pura, por lo tanto en esta dimensión el pensamiento es mente y la mente pensamiento, mientra que la Mente de la Inmentalidad es una mente que tiene pensamientos como si no los tuviera. Lo que significa que el arte del vivir cotidiano es; que ni los pensamientos ni la información guardada en la memoria (consciencia) interfieran con el funcionamiento de la mente.

Por ello debemos de calificar de terrorismo espiritual a quienes propugnan destruir todas las actividades pensantes para tratar de alcanzar un vacío absoluto de nada total, eso no es otra cosa que un criterio ignorante y perverso porque significa matar la vida misma, puesto que las funciones de la mente son inextinguibles y ello significa confundir La Ley de la vida misma con la aniquilación.

Buscan ese vacío absoluto de nada total porque ambicionan santidad, pureza y perfección. Ahora bien, si anhelas santidad, pureza y perfección ¿Cómo escaparas de las complicaciones? Pero en el reverso de esta moneda también se encuentra el problema si deseas liberarte de ellas, porque te provocaras grandes calambres y calamidades mentales. Vale decir, todo termina siendo una cabal futilidad. Si deseas alcanzar la verdad, la trascendencia, practicando virtudes de perfección y cuanto acto de bondad existe, debes saber que esto es prescribir y diseñar un curso de los acontecimientos, pero desde los tiempos sin principio, jamás hubo ni Budas ni Cristos que se graduasen partiendo de un curso prescripto, establecido, puesto que la realización es percepción-intuición no intelectualismo disfrazado de caridad, ya que la mas alta y excelsa caridad es renunciar a uno mismo, o sea, muere para renacer a la vida eterna; esa es la única virtud bondadosa. La luz y la oscuridad se reemplazan mutuamente en el cielo, pero este Reino de los Cielos que es el Vasto Vacío Interior es siempre Inmodificable. O sea, ¡no hay cursos prescriptos para la iluminación! Creer que existe alguno es esperanza, ilusión, sueño e ignorancia.

Estimados, queridos y amados amigos míos: encuentro y me veo en el deber de comunicarles que la espiritualidad no es un drama sentimentaloide de novela de amor televisivo ni melodrama espiritual de la Nueva Era que depende de un guión, o sea, de un curso prescripto, puesto que los hechos de la experiencia cotidiana se reciben como llegan a nosotros y de ellos se extrae un estado de inmentalidad, vale decir, la Mente Original la debemos reconocer junto con el accionar de los sentidos y los pensamientos, solo que no pertenece a ellos, ni es independiente de ellos.

¿Qué es la inmentalidad? La inmentalidad es el tiempo anterior a la separación de la mente y el mundo, o sea, la mente de niño, lo que significa que la Mente Original no depende ni es independiente de lo que se Ve, se Escucha, se Piensa, se Huele o se Conoce. La inmentalidad y el mundo de la consciencia están en oposición directa encontrándose espalda contra espalda condicionándose recíprocamente, siendo la sabiduría quien hace que se refleje la una en la otra. O sea, la sabiduría es la Fuente Original donde el conjunto de la MENTE se hace consciente. Por ello amigos míos promulgar el vacío absoluto de la mente como meta de perfección es un criterio perverso y terrorismo espiritual.

El enuncio de Dios, del Alma, del Cristo, debe ser para cada uno de nosotros la expresión de una experiencia y no la de una conclusión lógica, ya que por mas que se intente alcanzarlos mediante sutilezas lógicas (creencia, dogma, adoración, culto a la personalidad, doctrina) fracasaran porque su razonamiento carece de la energía, vitalidad y pureza de la convicción final que da la Realización de la Experiencia Máxima: la Iluminación.
Es normal que busquemos “algo” mas allá o detrás de nuestra experiencia, y olvidemos que esta búsqueda es una interminable regresión en uno u otro sentido, pero ello es inevitable puesto que se trata del incansable intelecto tratando de atrapar lo inatrapable. Pero cuando buscamos la sabiduría o la Verdad en las palabras, todo lo que estamos haciendo es intentar atrapar el vacío con la mano y de paso pegarle con un hacha al sol. De modo que toda la enseñanza espiritual y lo más esencial consiste en captar y comprender la Mente y hay tantas puertas que a ella conducen que el problema se suscita porque la central carece de puerta.

De manera que lo que tenemos para resolver en la vida es: ¿Cuál es la esencia del cristianismo como la entendía el Cristo o cual es la esencia del budismo como la entendía el Buda? Tanto en el budismo como en el cristianismo ¿hay algo que no puede ser expresado y explicado en los escritos canónicos? En otras palabras ¿Cuál es la verdad del cristianismo o del budismo si lo prefieren? Es obvio que usar la mente para buscar al Cristo o al Buda es ignorancia.

El problema que presenta el intelecto para la realización es que no nos da la cosa misma sino sus representaciones, imágenes, explicaciones y referencia, o sea, siempre nos aleja de nosotros mismos, lo cual nos lleva a perdernos en la selva de la especulación, suposición e imaginaciones interminables, sin brindarnos ni paz interior ni realización alguna.

Amigos míos: es preferible ser un humilde maestro que saber interpretar miles de textos sagrados o esotéricos, porque ello es como contar millones de billetes ajenos y es inevitable que ese ejercicio intelectual no conduzca al desprecio por los demás, por lo tanto, no penséis en buscar al Cristo, el Cristo es solo un hombre. Pero ¿conocéis al hombre que lo busca? si no conocéis al hombre que lo busca ¿Quién lo va ha encontrar?
Un abrazo eterno y recordad que ni el Cristo ni el Reino de los Cielos moran en parte alguna, pero ustedes ¿saben donde esta vuestra residencia?