Justicia, Ley – Libertad, Seguridad

Concha Roja

La justicia y la ley ¿son sinónimos de libertad y seguridad? ¿tiene relación alguna la libertad y seguridad, con la justicia y la ley? El ser libres y seguros externamente, gracias a la justicia y la ley ¿nos hace libres y seguros realmente? La primera ley a comprender -para estar seguros- es que: la ley ha sido creada por el hombre con la finalidad de tener control sobre el hombre.

Se suele argumentar la existencia de una relación entre justicia, ley y libertad, seguridad, todo desde un punto de vista de la organización social. La ley, en este sentido, se establece a objeto de garantizar la justicia, la seguridad y la libertad en la convivencia de los miembros de la sociedad, a quienes se les confiere derechos y obligaciones, quedando así sujetos a su imperio y a las sanciones prescriptas para su transgresión, así como las posibilidades y procedimientos que permiten exigir su cumplimiento.

El imperio de la ley viene dado por la fuerza, cuyo empleo se regula mediante instituciones y normas que, según se argumenta, la propia ley consagra. Es así que la justicia y la libertad se proclaman como ideales y a la vez como fundamentos teóricos del orden social y de legitimación del poder.

Estos argumentos se vinculan con la democracia, suponiendo que este sistema político permite que la ley sea generada por medio de la participación ciudadana en la elección de representantes que formulan las leyes.

Dicha formulación de la ley es, dada su pretensión de alcance social (o sea, supuestamente igual para todos), de carácter general y abstracta, de modo que para su aplicación al caso concreto (conflicto de intereses o transgresiones a la norma) se establecen los tribunales de justicia y las instituciones policiales a cargo de las autoridades políticas responsables del orden publico y de la libertad y seguridad a él asociadas.

Ahora bien, esta perspectiva de la libertad es de carácter externo, vale decir se refiere a libertades tales como la de elegir representante, expresar opiniones, emprender negocios, practicar cultos religiosos, consumir productos, desplazarse por el territorio, tener opciones sexuales, escoger establecimientos educacionales, etc. Y estas libertades deben ejercerse, por su puesto, dentro del orden establecido y la ley, de manera que se entiende que su vulneración equivale a su quebrantamiento, lo cual es sancionado aplicando la fuerza física para obtener recaudo material o para privar de libertad.

La ley, en consecuencia, restringe la libertad y mediante lo que denomina justicia impone la represión. Esta libertad, así considerada, o sea, como relativa a la conducta externa o aparente de los individuos, en realidad es una prescripción de la conducta que dichos individuos deben guardar. Es decir, la ley pretende regular la libertad de las personas estableciendo márgenes, limites y normas de acción bajo pena o amenaza de la aplicación de la fuerza (sanción).

La democracia supone que los ciudadanos delegan o facultan a sus representantes electos para generar la ley, legitimándola a través de dicha elección, pues mediante una proclamación legal se consagra al pueblo mayoritario como soberano. Así, el ciudadano, como soberano teórico, mandata al legislador para que cree leyes; sin embargo, el contenido de dichas leyes se concuerdan sobre la base de múltiples intereses, argumentos de especialistas y presiones de grupos de poder, de modo que en realidad distan con mucho de los intereses de los electores, quienes terminan por desconocer la mayoría de la legislación vigente, aunque la propia ley presuma que la conocen.

En consecuencia, la justicia, la libertad y la ley, entendida como algo externo a los individuos, en realidad se refiere a abstracciones, ideales y argumentos que sirven para justificar discursivamente un determinado ordenamiento normativo que se funda en último termino en la fuerza, configurando un marco de opciones vinculados a ciertos intereses de los grupos de poder políticos, económicos, morales y culturales predominantes, desconociendo absolutamente la libertad interior. En otras palabras la ley nace ¿de la necesidad que tiene el conjunto de la sociedad o de los intereses que afectan a los grupos de poder? Lo que nos lleva a preguntarnos ¿la libertad esta garantizada para quién?

APORTE DE “DON PABLO”*

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¿Puede la ley y la justicia garantizar la seguridad y la libertad? La represión, que significa la ley y la justicia ¿son sinónimos de seguridad y libertad? ¿Qué es la libertad? ¿Existe la libertad exterior?

Como seres humanos buscamos tener la mayor cantidad de seguridad y libertades exteriores para saciar (supuestamente) la ausencia de seguridad y libertad interior. Creemos, sin duda alguna, que a más libertades y seguridades externas más libres y seguros seremos interiormente.

La libertad no es una opinión, un mandamiento, una teoría o una ley que la justicia pueda garantizar mediante represión alguna. La falta de realización interna ha llevado a la humanidad a transformar las virtudes (que siempre son interiores) en conquistas y realizaciones externas, y para ello se ha valido de la propaganda para convencer a los demás que tiene igual valor y es lo mismo, lo exterior que lo interior. Lo exterior es simplemente una acción discursiva sobre lo que debería ser, por lo tanto, como ello no obliga a nadie a ser, es aprovechado para el formateo de la apariencia con malabarismos de palabras que encierra la más vulgar arenga sofista para proclamar que se puede ser lo que no se es.

No somos ni libres ni seguros interiormente, pero escondemos nuestra esclavitud detrás de la ignorancia que exige mayor represión para garantizar nuestra seguridad y libertad. Es entupida la ignorancia ¿verdad? La ley, la justicia, no existen en la práctica de la vida diaria para el noventa y cinco por ciento de la sociedad, pero a cambio de ello, ese noventa y cinco por ciento esta sujeto a la represión con o sin motivo con la finalidad de no alterar los intereses de ese cinco por ciento restante que maneja indiscriminadamente todo el poder, de modo que solo ese cinco por ciento goza de esa libertad exterior por la impunidad que le permite la ley que ellos mismos redactaron y aprobaron.

No existe evolución alguna que pueda llevar al hombre a una revolución donde se produzca una mutación absoluta en su mundo interior, de manera que no es la invención de nuevas leyes quien pueda asegurar libertad alguna o seguridad posible. Las instituciones se han convertido en súper estructuras que solo tiene una importancia simbólica en los asuntos del mundo pero el hombre, desde su ignorancia exige que estas instituciones le garanticen la libertad y la seguridad, para lo cual le demanda mas y mas leyes, mas y mas condenas, mas y mas represión, pero no hace nada ni reclama nada por las cuestiones fundamentales: la desdicha, el hambre, el conflicto el dolor, la confusión, el temor y etc., de modo que lo trascendente para arreglar este mundo queda sin respuesta, lo que significa que al propio hombre solo le interesa lo simbólico, lo abstracto, lo subjetivo, lo indeterminado, lo indefinido.

No existe libertad ni seguridad, ni aquí ni en el cielo mientras el hombre no este dispuesto a descondicionar la totalidad de su consciencia. En su ignorancia el hombre se ha convencido que cambiando el mundo externo ello le dará como consecuencia la mutación absoluta en su mundo interno y a partir de este hecho utópico nacerá el hombre nuevo. Somos esclavos de nuestras miserias humanas, pero se piensa que con mas leyes, la intervención de la justicia para hacerlas cumplir mediante la represión, seremos libres y seguros, por lo tanto, felices. Esta posición también es sustentada por el movimiento La Vieja Era (creo que en realidad se llama Nueva Era aunque nadie todavía descubrió que es lo nuevo) pues afirma que nos encontramos en el fin de los tiempos y que ello vendrá acompañado de (obviamente desde el exterior) una extraordinaria y nueva energía que cambiara (¿mágicamente?) la consciencia del hombre y como consecuencia a la sociedad [¿?].

Vale decir que toda la fe, la confianza y la esperanza, el hombre la ha depositado (social o espiritualmente) en los sucesos y procesos exteriores que no lo afectan interiormente. La confianza depositada en los acontecimientos exteriores se debe a que el hombre no percibe que la modificación del medio solo modificara aquella parte del hombre que esta conectada con la modificación del medio, no al hombre en su totalidad, en las profundidades más recónditas de su mente. Ninguna acción ni presión exterior puede efectuar tal cosa, solo puede modificar las partes superficiales de la consciencia.

El análisis de la realidad que hace el pensar, lo realiza desde su limitación el cual esta condicionado por el campo de la continuidad, de forma que el ser humano no sufre transformación profunda alguna: solo se modifica, se reforma, se reajusta para seguir amoldado a lo social, vale decir más de lo mismo. La reforma de la ley que exige, si no abarca la cuestión esencial de la vida, no tiene sentido ni es algo fundamental para el ser humano y ¿Cuál es la cuestión esencial en la vida? ¿Puede la ley y la justicia otorgárselas?

La cuestión esencial en la vida es: la completa y absoluta libertad del hombre, primero en el aspecto mental interno, y luego en el externo. No hay división alguna entre lo interno y lo externo, pero para verlo claramente uno tiene que comprender primero la libertad interna. Se hace imprescindible el que tengamos que descubrir si de alguna manera es posible vivir en este mundo en libertad mental tanto intelectual como psicológicamente, sin retirarse neuróticamente a una isla, ni apartarse en una torre aislada de la propia imaginación. Viviendo en este mundo, ese es el único reto que uno tiene: la libertad. Si no hay libertad interior, entonces empieza el caos y surgen los incontables e infinitos conflictos mentales, las oposiciones e indecisiones, la falta de claridad y de penetración profunda que, evidentemente, se expresan en lo exterior. ¿Puede uno vivir en este mundo libremente, sin pertenecer a ningún partido político, ni de izquierda ni de derecha; sin pertenecer a ninguna religión: sin aceptar ninguna autoridad espiritual exterior? Uno tiene que acatar las leyes del país (parar ante un semáforo en rojo) pero la decisión de obedecer, de consentir, viene de la libertad interna; la aceptación de los requerimientos del mundo exterior, de la ley externa, es la aceptación que brota de una libertad interna. Esa es la cuestión central, no otra.

Los seres humanos no somos libres, estamos anestesiados y fuertemente condicionados por la cultura en que vivimos, por el ambiente social, por lo económico, por la religión, por los intereses creados del periodismo y de la política, o por el compromiso ideológico y doctrinario al que nos hemos entregado. Así de condicionados, es obvio que somos agresivos. Los sociólogos, los antropólogos y los psicólogos intentan explican esta agresión. Para ello hay dos teorías: o lo hemos heredado del animal este espíritu agresivo, o bien la sociedad que cada uno de nosotros ha contribuido a formar y establecer, le imprime, le obliga, le fuerza a ser agresivo. Pero el hecho es más importante que la teoría, lo que significa que no importa si la agresión viene del animal o de la sociedad. Somos agresivos, belicosos, violentos, brutales; no somos capaces de mirar y examinar imparcialmente las sugerencias, el punto de vista, la acción o el pensamiento de otro.

Al estar condicionados, la vida indiscutiblemente se vuelve fragmentaria. La vida que es el diario vivir, los pensamientos cotidianos, las aspiraciones, el sentido de superación –cosa tan horrible de fea que es- todo eso es fragmentario. Este condicionamiento convierte a cada uno en un ser humano arrogante, que lucha por su exclusivo individualismo: por su familia, por su nación, por su creencia. Y, por lo tanto, surgen las diferencias, uno es cristiano, el otro progresista, el otro musulmán, el otro derechista, el otro es pobre y el otro es rico y el otro hindú. Pueden que se toleren mutuamente, pero en lo fundamental, internamente, es que hay una profunda división y menosprecio, cada uno se siente superior, y todo las consecuencias subsiguientes. Así, este condicionamiento, no sólo nos vuelve arrogantes, sino que además, en esa arrogancia está el proceso de aislamiento, de separación, de división, y esto hace que nos sea imposible cooperar el uno con el otro del todo.

Por lo tanto, debemos preguntarnos a continuación ¿si es posibles ser libres tal como somos, o sea, seres humanos condicionados, amoldados, influenciados por todo tipo y clase de propaganda, por libros, revistas, televisión, radios, diarios, cine, lo cual indiscutiblemente impacta en nuestra mente? ¿es posible ser libres? Es obvio que ese es el único desafío que tenemos, el único y exclusivo problema, porque si no somos libres, no hay amor; pero lo que encontramos a cambio es celos, ansiedad, codicia, envidia, violencia y temor. Al no ser libres no podemos ver claramente y no hay sentido de la belleza, de modo que, eso nos imposibilita tener sentido de lo que realmente es la justicia y la ley.

Esto lo podemos ver como mera argumentación para sostener una teoría de que el hombre debe ser libre, lo que significa que esta teoría se convierte así en una nueva ideología, que de la misma manera que las demás, dividirá a los seres humanos. Pero esto no es una teoría, sino que se trata de si esto es o no la cuestión básica de nuestras vidas, el principal desafío; lo que apunta a que no se trata de sí somos felices o desgraciados, seguros o inseguros porque ello se vuelve secundario -si podemos vivir en armonía con los demás o si nuestras creencias y opiniones son mas importantes que las de los otros- lo que significa que todas esas cuestiones secundarias serán contestadas si ese cuestionamiento medular es comprendido y resuelto completa, total y absolutamente.

Preguntémonos lo siguiente: si no hay libertad ¿podemos ver traslucida y claramente cualquier cosa: el cielo, el sol, la luna, las estrellas, la naturaleza, la sociedad, el mundo, el vivir, la vida? Si lo que vemos lo miramos desde una idea, una creencia, una ideología, un dogma, un argumento, con envidia, con esperanza, con ansiedad, con temor, con culpa o condena, resentimiento u odio, es evidente e indiscutible que no podremos ver.

De forma que ¿desde donde miramos la justicia y la ley para terminar asociándola a la libertad? Si antes de asociar vemos primero la importancia de ser libres y nos preguntamos ¿de que manera uno comprende la importancia de la libertad y como la obtiene de forma natural? Veremos que el someter la mente a cualquier amoldamiento es el impedimento primordial para no ser libres, de forma que solo liberándonos del amoldamiento seremos libres, entonces centraremos nuestra atención en dicho amoldamiento, no para juzgarlo o condenarlo, sino para ver sus raíces y como consecuencia su inutilidad, y las miles de variantes que tiene que son el amoldamiento mismo.

Estamos convencidos que el entendimiento intelectual es una cosa y la acción otra, de manera que intentamos tender un puente entre ambas, pero jamás nos preguntamos ¿si existe realmente la comprensión intelectual? Jamás nos planteamos ¿si ello no es una falsa afirmación que se convierte en un bloqueo mental, en un impedimento para seguir adelante? Si observamos detenidamente esta afirmación veremos que, en nosotros se convirtió en un sistema, que todo el mundo usa: Intelectualmente Comprendo. Pero puede ser falso por completo. En realidad cuando afirmamos esto lo que estamos diciendo en verdad es: cuando tu hablas: oigo, y cuando tu escribes: leo. Y eso es todo, nada más que eso, pero no pasa nada de nada. Esto es como un matrimonio de multimillonarios que escucha o lee la palabra generosidad y ve la belleza, la preciosidad, la perfección y la compasión que esta palabra contiene, pero sigue siendo avara y egoísta. De modo que no afirmemos que comprendemos intelectualmente y “hemos captado lo que se dice” cuando en realidad y simplemente hemos leído u oído muchas palabras, lo que significa que ningún sistema interior o exterior puede hacer libre al hombre.

Un sistema exterior de justicia con múltiples leyes tampoco puede traer ni seguridad ni libertad a nuestra vida, porque ningún sistema –interior o exterior- puede liberar al hombre de su desdicha y temor solamente porque el sistema lo desee o determine. El hecho de que el hombre haya aceptado los sistemas como inevitables, es uno de los mayores impedimentos para la mente humana y, por tanto, para la libertad. Estos sistemas han sido creados por el hombre en su búsqueda de seguridad. La búsqueda de seguridad por medio de sistemas está destruyendo al hombre, cosa evidente cuando uno ve lo que pasa en el mundo exterior; nada esta garantizado. Y lo mismo ocurre internamente; nada esta garantizado. Todo esto está impidiendo que el hombre sea libre. Ahora bien, el ser libre da a la vida un sentido totalmente distinto. Entonces habrá paz en el mundo, y no esta división entre hombre y hombre. Pero para ello hemos de tener la energía para ver, lo que significa observar con todo su corazón y su mente, no observar con palabras, con los ojos llenos de intereses, el corazón henchido de arrogancia, y la mente saturada de miedo. Así no habrá libertad ni interna ni externa aunque sigamos asociando justicia con ley, libertad y seguridad.

Deseamos y queremos seguridad y libertad para lo cual -en todos los lugares del mundo- justificamos la represión y el asesinato como medio para conseguir el fin, supuestamente correcto [¿?]. Antiguamente, el mal era reconocido como mal, el asesinato como asesinato y la represión como represión; pero en estos tiempos, el mal, el asesinato y la represión son medios para lograr un resultado noble.

La represión, sea a una persona o a un grupo de personas, se ve justificado por el represor o el grupo represivo que representa, como medio de lograr un resultado que finalmente será beneficioso para el hombre. Vale decir que estamos dispuestos a sacrificar el presente por el futuro en nombre de la justicia y el cumplimiento de la ley para garantizar la seguridad y la libertad de los demás [¿?] lo cual implica que un mal medio producirá un fin bueno [¿?] y este medio desastroso se lo justifica con la ideación del derecho a la seguridad y libertad que tenemos, lo que significa que explotamos la idea de seguridad y libertad sin ser conscientes que estamos explotando un hecho como la inseguridad a través de un ideal represivo permanente que nos garantice esa libertad y seguridad, si es posible, por la eternidad.

No percibimos, por inconsciencia o ignorancia que la explotación de las ideas es mucho mas perniciosa y peligrosa que la explotación del hombre por el hombre o de las cosa, porque la explotación de las ideas es exageradamente devastadora, perniciosa y destructiva. Pero hemos aprendido el poder de la propaganda y por medio de la explotación de la misma terminamos creyendo que una idea puede ser un medio para transformar al hombre, sea ignorante o delincuente.

No somos libres interiormente y como consecuencia de ello estamos llenos de temor, terror y miedo, por lo tanto, exigimos que un niño delincuente de 10 años pueda ser condenado a cadena perpetua con la finalidad de que nosotros estemos seguros. Eso es lo que hoy esta sucediendo en el mundo. El ser humano no importa. Los sistemas represivos han llegado a ser lo importante, lo que significa que la sociedad fracaso y ve que la única forma de recuperar al ser humano delincuente es la dureza de la condena, la represión, la sanción sin piedad, el escarmiento sin derecho a expiación. De modo que el hombre ya no importa, lo que importa son los sistemas, puesto que el hombre ya no tiene significación alguna, lo que significa que eso nos permite destruir millones de seres humanos mientra eso produzca un resultado y ese resultado se lo justifica por medio de nuestro temor, vale decir, por nuestra falta de libertad interior, que en definitiva es lo único que nos permite ver las cosas tal cual ellas son y no a través del velo de nuestro miedo.

Hemos construido una magnifica estructura de argumentos y teorías para justificar el mal, pero el mal sigue siendo el mal y ello no puede traer el bien. La represión no es un medio para encontrar seguridad ni libertad, como la guerra no es un medio para encontrar la paz. La represión y la guerra puede que produzcan beneficios secundarios pero nunca producirán lo que se espera de ellas. Justificar la represión y la guerra intelectualmente como medios para alcanzar seguridad, libertad y paz, demuestra que cuando el intelecto y el miedo comandan la vida humana, solo acarrean más crisis, conflictos, problemas, desequilibrios e inseguridad.

Creer que justicia y ley son sinónimos de seguridad y libertad, es no saber que en realidad es la práctica viva de la ignorancia y el alimento preferido del miedo, lo cual nos permite poner en acción nuestra maldad. Creer que justicia y ley nos permitirá seguridad y libertad, es como creer que hablando de dinero seremos millonarios.