Filosofía

Filosofía es la indagación de la mente en la búsqueda de lo que es, es el movimiento de la mente en el propósito de encontrar y develar el misterio y el sentido de la vida. La herramienta llamada filosofía existe en toda mente humana independientemente de la conciencia que se tenga de ella y funciona en todo cuestionamiento que el ser humano se plantee sobre el vivir y la vida; ello es el filosofar, nos permite investigar los hechos del vivir y de la vida. Cuando esos hechos son tergiversados por la argumentación intelectual, la filosofía se degrada en opinología, sustituyendo de este modo la investigación de lo trascendental por la especulación argumentativa que busca egocéntricamente la validez de su razón particular.

El vivir, el mundo, la sociedad, van moldeando una particular cultura y tradición, el trasfondo intelectual-psicológico que sus habitantes terminan por instaurar como costumbres y hábitos del vivir. El trasfondo intelectual es la totalidad del contenido psicológico y filosófico de la conciencia, de modo que este trasfondo termina por ser influenciado y a su vez influencia a dicha tradición y cultura. Cuando dicho trasfondo se amolda y se esquematiza en el conformismo de la cultura y la tradición, nace el conservadurismo y ello lleva a la muerte de la filosofía y del filosofar.

Una vez conformada la cultura y la tradición, la mente adopta opiniones y argumentos, tendencias e inclinaciones, aceptaciones y rechazos, que aplica en el relacionamiento con los demás, siendo la acción o la reacción la expresión exterior del contenido de la conciencia. Esta composición es la estructura psicológica y filosófica de la conciencia creada por el pensamiento a través de la comparación. El pensamiento compara y a continuación elige la conclusión que considera correcta. Esta conclusión luego es desarrollada y se convierte en el inicio de un sistema filosófico, de modo que ello conforma el punto de vista con el cual miramos al mundo. Si el punto de vista es dogmático el sistema filosófico termina por alienar y enajenar el pensamiento, por lo tanto, el sistema filosófico particular queda anulado como herramienta de investigación por el encasillamiento al cual se ha sometido, siendo el dogma el colador y el velo que interpreta el hecho, la realidad.

La investigación sobre la vida y el vivir debe partir de la libertad de la mente, siendo el sistema filosófico la herramienta que debe estar libre de prejuicios, traumas, argumentos preconcebidos, dogmas establecidos, esquemas y estructuras intelectuales, que lo limiten de la visión global.

La ideación de lo mejor es el producto del deseo que busca seguridad en el devenir, lo que significa que ya no hay interés en investigar, sino en la concreción de un objetivo, de una meta que de y defina un sentido del vivir. Ese ideal se convierte en un articulo de fe que se sueña ver concretado en la realidad. En este estado la mente establece la limitación de su pensar.

La filosofía no es el estudio ni la creación de nuevos sistemas filosóficos; la primera es la filosofía que se atrinchera en la academia, y la segunda es la creación de la mente temerosa. Al ser el filosofar algo común a todo ser humano, es evidente que ello alimenta la creación de ideas y el desarrollo de la obsesión subsiguiente, conformando de esta manera el contenido psicológico de la mente. La mente temerosa busca constantemente seguridad y en ese afán de encontrarla, desfigura por completo el filosofar ya que no lo usa para investigar sobre su temor, lo usa para alimentarlo. La estructura, el esquema que contiene todo sistema filosófico es quien señala al ser humano el método a seguir en el amoldamiento de su pensar, de modo que la propia filosofía se convirtió en la trampa que aprisiona y limita el pensamiento al encauzarlo hacia la alimentación del miedo. Es la propia filosofía quien debe encauzar el pensar humano para liberarlo de su esclavitud, pero sí la filosofía, con su método sistemático insiste en que eso es la filosofía evidencia su propia ceguera.

El filosofar debe estar libre de cualquier sistema preconcebido, lo que significa que una mente filosófica está abierta a lo nuevo, a lo distinto y diferente, a lo desconocido, ya que solo este estado de libertad permite indagar sobre la realidad, sobre lo verdadero que encierra lo que es, sobre lo que somos, sobre la sociedad y el mundo. Sin libertad filosófica el filosofar se encuentra limitado en su indagación por las propias márgenes que imponen los sistemas preconcebidos, ya que los mismos inducen al pensar hacia un mero ejercicio intelectual que circulan alrededor de, y desde un sistema particular intenta ver a los demás sistemas, a la realidad, al universo, a la vida, de modo que es el colador sistemático quien en realidad ve, analiza y decide lo que es verdadero [¿?].

La ausencia de libertad filosófica estructura la mente en un trasfondo psicológico obsesivo desde el cual a posteriori se intenta filosofar. Es evidente que una vez formado el trasfondo psicológico la filosofía debe investigar sobre el mismo para librarse de dicho lastre, y no desde ese lastre intentar hacer filosofía. La propia adopción de un sistema filosófico particular ayuda al amoldamiento de un trasfondo psicológico rígido, esquemático, que impone el límite del pensar y encausa todo discurso hacia el interés creado por el pensador esclavo del sistema particular. La libertad filosófica no es una concepción de idealismo filosófico, es la necesidad básica para la búsqueda de lo que es; eso debe ser un hecho en la mente del filósofo, ya que dicha libertad es la única garantía con que se cuenta para descubrir la realidad, lo verdadero, la esencia de las cosas.

Ser filósofo es tener la capacidad para investigar prescindiendo de toda autoridad tanto interna como externa, porque es obvio que ello significa limitación, además de consagrar la responsabilidad del pensar a otro. Cuando otro es el trasfondo de nuestro pensar, sólo nos queda la imitación, la repetición, la reiteración, lo que significa la ausencia absoluta del filósofo que investiga, inquiere, averigua, duda, cuestiona; quien realiza ese trabajo esta ausente, la presencia es del otro que ha esquematizado la manera de pensar del reproductor filosófico.

La identificación con la moda filosófica es descuidar la filosofía y poner el énfasis en la opinología filosófica, la cual se caracteriza por analizar lo exterior con el fin de encontrar cómplices y aliados, de suerte que trata desde lo exterior influenciar a lo interior, lo que revela el intento de transformar el papel de la filosofía como madre de la sabiduría en mera propaganda intelectual con tintes académicos. La opinología social y política es quien más esfuerzos realiza para propagandizar su filosofía (¿?) como sinónimo de sabiduría, sin que se perciba a sí misma como mera analizadora del pasado, lo cual, obviamente, no es sabiduría. El analizar el pasado, lo que sucedió, no es sabiduría porque lo inmóvil, o sea, lo que fue, no puede influenciar a la realidad, a lo que esta siendo en este momento, porque ello esta vivo, es dinámico, y lo que fue es estático, fijo, inmóvil, esta muerto… o sea, ya fue, lo inerte no puede transformar a lo dinámico, a lo que esta en movimiento, activo. El hábito de analizar el pasado creyendo que de ello podemos extraer lecciones que nos sirvan en el presente y como consecuencia en el futuro, sólo permite la ilusión que la mente desea tener con respecto a la seguridad que ella necesita y busca para escapar del temor que le provoca la incertidumbre del presente activo y dinámico. Es evidente que todo aquello que es estático, fijo, inmóvil, como lo es el pasado, se puede analizar y desmenuzar, al antojo y capricho del analizador, pero no se puede realizar la misma operación de cirugía intelectual con aquello que esta en movimiento, que es dinámico, que esta vivo. La sabiduría es la comprensión de lo que es, no el análisis de lo que fue, ello es la especulación intelectual del trasfondo psicológico, de modo que este modelo no tiene relación alguna con la mente filosófica, la cual es siempre nueva, silenciosa y libre de lo que fue.

La mente filosófica es aquella mente que se encuentra libre del pasado, de lo que debería haber sido, y de la especulación del futuro, del devenir, del venir a ser, porque nada de ello existe. Como lo que debería ser no existe, no puede tener relación alguna con la realidad, con lo que es, con la verdad.

La esclavitud de la mente filosófica al pasado obedece al dogma que auto-considera que entendiendo la historia podemos comprender el presente y con ello pronosticar el futuro; obviamente que la sabiduría no es lo que puede ser, lo que significa que la mente filosófica no puede estar atada a una condición probabilística de cualidad fija y estática, ya que ello petrifica la mente en lo que fue y la aventura a lo que puede ser, o sea, a una condición especulativa, adivinatoria, que impide el filosofar desde la libertad imprescindible para ello.

Las probabilidades de lo que pudo haber sido o de lo que puede ser, abre las puertas a la opinología; la filosofía trata sobre lo que es, de modo que la filosofía es la ausencia de especulación intelectual oportunista, lo que significa que el filosofar es el ver, examinar e investigar lo que es. Si el filosofar centra su examen en la ideación de lo mejor, en lo que puede ser, en lo que pudo haber sido, en lo que fue, el filosofar se convierte en opinología tarotista.

La opinología tarotista ha dado cuerpo al pensamiento ideológico: político, social, económico, psicológico. Y ello ha condicionado a la sociedad al desprecio por toda idea ya que las mismas -sobre todo en el siglo XX- no afectaron ni fueron superadoras del pensamiento de la humanidad por haber establecido el abuso, el chantaje, la crueldad o la colaboración con ella, como practica del ideal social -capitalismo, comunismo, nazismo, fascismo, neoliberalismo-.

La opinología se ha presentado como sinónimo del filosofar, y ello a hecho pagar a la filosofía el precio de la indiferencia colectiva por ser considerada la fuente de la crueldad ideológica. La filosofía, al no ser capaz de separarse de la criatura maldita -la crueldad ideológica creada por la opinología- termina por confundir a la sociedad porque se hace responsable de algo que no tiene relación alguna con el filosofar y la filosofía. El filosofar pregunta, cuestiona, inquiere, investiga, el filosofar no asegura, ni responde, como tampoco crea sistemas intelectuales. La filosofía es el estado de eterno aprendizaje de la mente, lo que significa que la mente siempre se encuentra en un estado de no saber. El estado mental de no saber es la fuente de la sabiduría, eso es la filosofía. La filosofía que sabe […] es mera opinología que intenta dar respuestas finales a misterios que son de aprendizaje eterno. La filosofía que crea sistemas intenta estructurar la verdad en un compendio intelectual lo que significa el fin de la filosofía y el principio de la opinología.

El sistema que se estructura bajo un mamotreto intelectual es quien crea y da al opinólogo las herramientas para especializarse [¿?] para ser eficiente [¿?] para saber [¿?] pero ningún sistema puede crear un filosofo puesto que la vida y el vivir no se pueden aprender de memoria, de modo que la mente filosófica debe ser ignorantemente inocente en referencia a cualquier sistema particular.

La mente que no sabe es la única que puede ser filosófica por su capacidad de indagar independientemente de los intereses materiales e intelectuales premeditados, los cuales inducen cualquier investigación hacia su fuente estratégica para que se acomode a su meta ideal. El filosofar pregunta desde la inocente ignorancia, la mente silenciosa es la filosofía que aprende. De manera que filosofía es el silencio de la mente que se encuentra en permanente estado de investigación por su cualidad de inocente ignorancia en espera de aprender sin acumular. Cuando la mente esta interesada en aprender sin acumular, su cualidad es completamente nueva, fresca, porque ha trascendido el egoísmo, la ambición y la vanidad que esconde el iluminismo intelectual, eso es la mente filosófica.

Filosofía es la mente exenta de manipulaciones intelectuales, de conflictos de sistemas, de confusiones doctrinarias, es aquella mente que ha trascendido las miserias humanas que alimenta el narcisismo individualista buscando el exhibicionismo como formula de aprobación con un sistema opinológico coherente [¿?] Filosofía no es un sistema filosófico, debido a que no se puede estructurar, esquematizar, ni agrupar a la sabiduría en un compendio intelectual, ni en una recopilación libresca. La sabiduría que puede ser resumida, recopilada, no es sabiduría en absoluto, son meras definiciones intelectuales que puede registrar la memoria, mientras que la sabiduría pertenece a la orbita de la inteligencia, la cual no tiene la cualidad de reclutar información con el fin de acumularla. La verdad es siempre fresca, nueva, está en constante movimiento, de modo que sólo la mente filosófica, aquella mente que se encuentra libre de todo esquema es quien la puede captar. Organizar la sabiduría, organizar la verdad, es el intento del pensamiento por construir una fortaleza psicológica-intelectual inexpugnable donde pueda atrincherase detrás de argumentos indestructibles que garantice la respuesta de todo.

Avalamos todo compendio y mamotreto ideológico porque en ello encontramos la sabiduría [¿?], la verdad organizada [¿?] lo que significa que deducimos que no necesitamos [¿?] una mente filosófica que se conozca a sí misma como elemento imprescindible para encontrarla; ese trabajo es suplantado y dejado de lado por los armatostes y los libracos de la peculiar doctrina y creencia que se adopta. La verdad es el amor a lo que es, ello no puede ser organizado porque lo que es esta aconteciendo, no es lo que aconteció o va acontecer.

El intento de organizar la verdad científicamente [¿?] llevo a la filosofía a su propio funeral, por no asumir su condición de vanguardia conductora del pensamiento humano. La filosofía y, por lo tanto, el pensamiento humano, quedó varado al considerar que el progreso lo determinaba la ciencia, lo que significo que al colaborar con dicho progreso terminó por crear monstruos ideológicos que la devorarían hasta su casi aniquilación. Las distintas ramas y disciplinas del vivir, política, economía, ciencias sociales, psicología, filosofía, plantearon un pensamiento que se encontraba al servicio y en la retaguardia de la ciencia. Al no comprender el verdadero sentido de la ciencia, esta constituía, supuestamente, una forma de organización psicológica y en todo sentido perfecta, lo cual ha llevado a creer, ingenuamente, que la ciencia significaba un sistema absolutamente terminante, que explicaría todo el vivir y la vida humana, de modo que solo había que someterse. La ciencia es eficaz, otorga poder y control, lo cual no significa ni nos dice nada de importancia sobre las verdades más trascendentes y fundamentales de la vida y del vivir: ello sólo puede ser descubierto por la mente filosófica, pero al someterse ante la eficacia de la ciencia, la filosofía no percibió que la ciencia es un libro de cómo hacer las cosas, no de cómo son las cosas.

Al entregar la investigación de la verdad a la ciencia, el pensamiento humano posibilita la perfección de la crueldad sin oposición ni objeciones, ello se expresa mediante el progreso en la dimensión tecnológica, pero un atraso absoluto en la dimensión mental. Esto posibilito la transformación de la filosofía en opinología social cientificista darwiniana, y es así como se comienza a usar la supervivencia de los mejor dotados por los opinólogos filosófico-sociales [¿?] para provecho de sus propios y mezquinos intereses materiales o psicológico-intelectuales: los capitalistas justifican todo abuso, corrupción, explotación, desigualdad, en la clase social mejor dotada; pero también lo hacen los marxistas al ver en el proletariado la clase social más numerosa y, por lo tanto, con más derechos que las demás; a continuación esta teoría se pone al servicio del nazismo bajo la degradante ideología de la raza superior; para sumergirnos de regreso en la superioridad de la crueldad que ejerce la clase social más hábil: los financistas e inversores del neoliberalismo, en donde el descarte de las clases y razas inferiores son las reglas del juego, elevando de esta manera a la codicia, el egoísmo y la avaricia, al nivel de virtud.

La responsabilidad de esta falacia cientificista y de la degradación del pensamiento humano es de la filosofía, por permitir que se la convierta en opinología cientificista social. Ninguno del los auto-proclamados científicos sociales a logrado demostrar que la ciencia sea más que la realidad, que el vivir, que la historia o que la vida. La filosofía, al ponerse a jugar y someterse a la moda de la opinología social, se ha quedado sin su papel de orientadora del pensamiento humano cuando el mismo es esclavizado, hoy en día, por el pensamiento light, el más superfluo y arcaico de toda la historia humana -centrado en el consumismo-.

Al pensar la vida desde una mente que considera que su papel no es comprender sino adivinar, conjeturar, suponer, la filosofía no puede orientar al pensamiento humano. ¿Es la filosofía un sistema esquemático sobre la verdad? ¿Es la filosofía una profecía social? ¿Es la filosofía la señalada y elegida para salvar el mundo? O quizás la filosofía sea ¿una herramienta para comprender la vida y el vivir y desde esa comprensión surge la solución necesaria para ayudar al mundo a ser mejor? Sí la filosofía se alinea nuevamente detrás de la opinología social planteándose lo que ya fracasó -el considerarse así misma cómo la tabla de salvación que tiene el mundo, siendo ella la que tiene el papel de orientadora ideológica para conducir a la humanidad a la construcción de una nueva y mejor sociedad- es obvio que el pensamiento filosófico continuará en su papel de mero agitador y puntero político.

Al abandonar su papel de orientadora del pensamiento humano, la filosofía dejó en manos del comunicador social, de los formadores de opinión y del cientificismo, la responsabilidad y el trabajo que ella debía y debe realizar, de modo que esa orientación se redujo a los problemas sociales y mediáticos de alto impacto psicológico, dando como resultado el surgimiento, mantenimiento y alimento, de la cultura y el pensamiento light que se fundamenta en consumir, en el no te metas… y… en el que me importa.

Al abandonar los cuestionamientos más profundos de la existencia humana y pasarse al papel de contestataria de cuanto problema social existe, la filosofía redujo su rol y sentido a un solo aspecto del vivir, abandonando el resto de la totalidad de la vida, sus misterios, los dilemas existenciales, etc., de modo que entre el dogma religioso y la supuesta certeza científica, la mediadora, que debía poner orden en el pensar, desapareció, dejando el nihilismo del pensamiento como herencia. La ciencia con su eficacia y el cientificismo con su propaganda de verdad absoluta obligó tanto a la filosofía como a la religión a la imitación, para lo cual la filosofía intentó transformar a la historia en ciencia y se afinco en el dogma social. La religión por su parte abandonó la fe y por medio de Santo Tomas de Aquino quiso convertir a Dios en un objeto comprobable al mejor estilo de la Ley de la Gravedad, para lo cual se atrincheró en el dogma teológico. El resultado de ello fue que la humanidad se quedó sin fe religiosa y sin pensamiento filosófico trascendente.

La imitación, por ausencia de comprensión de la filosofía y de la religión, abrió las puertas de par en par al pensamiento caótico y nihilista que surge, alimenta y propagandiza la ciencia, que afirma que estamos aquí por casualidad y sin ningún sentido. Después de cuatrocientos años de efectividad científica y ciento cuarenta y siete años desde que se descubrió [¿?] la evolución de la ameba distraída que gracias al tiempo profundo [¿?] y a sus eternas mutaciones [¿?] termina por ser hombre; es obvio que el pensamiento posmoderno sea un combo light sin sentido, sin causa, sin ningún porque, al igual que nuestra existencia según la evolución darwiniana. ¿Cuál sería la razón para que hoy no exista una cultura light, consumista y sin sentido, sí la propia certeza científica determina que estamos aquí por casualidad, sin ninguna razón y sin ningún sentido? ¿Por qué no habría de existir el actual pensamiento sobre nada, expresado en el no me importa y en el no intervengas, si los que debían orientar el pensamiento humano abandonaron su tarea hace cuatrocientos años y definitivamente hace más de un siglo? Al ser el pensamiento orientador del liberalismo científico -una posición que no ofrece ninguna verdad final, ningún tipo de claridad, ningún camino a seguir- es obvio que nada puede decirle al individuo acerca de su lugar o de su propósito en el mundo. La ciencia es eficaz, práctica, exitosa, pero ¿qué nos puede decir sobre nosotros mismos, sobre lo que somos en esencia y en verdad?

Ante este escenario la filosofía jugó el papel de Pilatos y hoy cosecha lo que sembró; la opinología logró transformarla en mera propaganda, que hoy se reduce a slogans mediáticos con los cuales se entretienen en los medios de comunicación: fin de la historia, economía o sociedad de mercado, globalización o no globalización, guerra de civilizaciones, terrorismo, libre mercado o estatismo, o sea, toda la dimensión de la existencia humana y sus grandes misterios e incógnitas fue absolutamente abandonada a cambio de subirse al furgón de cola de la opinología social porque, el tratar sobre la totalidad de la existencia es lo filosóficamente incorrecto.

¿Es posible dar claridad y orientación en el pensar actualmente desde la filosofía, a la construcción de las categorías sociales y políticas poder, democracia, justicia, estado, educación, economía, salud, etc. cuando esa claridad y orden en el pensar no nacen del conocimiento propio sino de la especulación de la opinología especializada que desecha por completo la importancia del mismo y se satisface en el conocimiento libresco y la verborragia intelectual? ¿Tiene relevancia cualquier tipo de conocimiento sí no existe conocimiento de sí mismo? ¿Se puede construir una sociedad desde lo que no somos pero depositando todas nuestras esperanzas en el devenir, el azar, la casualidad o la suerte, para que se realice lo que debería ser? Es la mente filosófica quien debe resolver la oscuridad de la propia mente, de modo que necesita del autoconocimiento para orientar y dar orden al pensar de sí misma, de la sociedad, del mundo

Es obvio que cualquier conocimiento es irrelevante y carece de sentido sin conocimiento propio, porque dicho conocimiento se reduce a mera repetición, imitación, a simple información guardada en la memoria que luego se puede reproducir al mejor estilo pajarito de plumas verdes. La mente filosófica no es la mente que se encuentra sometida a la esclavitud de una ideología que la amolda y le marca las pautas indicándole el patrón de pensamiento que debe seguir, ello es una mente adoctrinada, presa, dependiente, la cual se condena a la opinologìa.

La característica fundamental del opinólogo es que nunca dice no sé, él tiene la noción que se encuentra obligado a opinar de todo. Un ejemplo claro de ello es lo que se escuchó sobre ¿por qué mostraron al Papa en el estado calamitoso que se encuentra, cual fue la finalidad de ello? La verdad de ello es que no lo podemos saber, eso es todo; no lo sabe el opinólogo, usted, ni yo, ¡no lo sabemos! Pero la opinologìa no se ha conformado con análisis interminables e intrascendentes sobre este tema, sino que arriesga más en la profundidad que tiene aquel que sabe mucho sobre absolutamente nada, también opinan sobre quien será el nuevo Papa. Para ello dan posibilidades a cinco o seis Cardenales pero, para no equivocarse [¿?] arriesgan finalmente… que puede ser cualquiera. Eso es la esencia, lo más original y la fuente de la opinologìa: la adivinaza. Sobre el hecho en sí, no saben ¡ni ellos, ni usted, ni yo! ¡No lo sabemos, esa es la verdad, no lo sabemos!, de modo que cualquier análisis es la opinología de la ignorancia opinando sobre lo que ignora, o sea, sabe mucho sobre absolutamente nada y… de todo… sobre lo intrascendente.

La mente filosófica debe ser ante todo honesta consigo misma: cuándo no sabe ¡no sabe! Se debe comprender que no hay nada malo ni es pecado no saber cuando no se sabe; opinar sobre lo que no se sabe es ignorancia, por más ilustrada que sea la exposición que hagamos sobre cualquier tema en donde todo es probabilidad y no tenemos ni una sola certeza. Es obvio que esto demuestra que el opinólogo y los tarotistas no tienen ninguna diferencia; todo se reduce a probabilidad, azar y buena suerte en el resultado de las predicciones que hacen unos y otros.

La sabiduría vive en la otra orilla de la opinologìa, ella solo expresa lo que sabe, no es una aventura de probabilidades inciertas sobre lo que podría ser, porque lo que podría ser también podría no ser. La mente filosófica es aquella que le tiene amor a lo que es. Deslizarse por el tobogán de lo que podría ser es nada más que la pasión por una profesión de moda que hoy da buenos réditos, de suerte que ello es pasión por la fama, el éxito y el dinero. Ello obviamente no tiene relación alguna con la filosofía.

Tener amor a lo que es, primero que nada es el conocerse a sí mismo y ello solo puede ser posible en la relación. En la relación encontramos nuestras respuestas y reacciones y en ello es donde nos tenemos que observar. La elección del aislamiento como método o técnica para conocerse así mismo es edificar el mismo muro que permanentemente la mente esta construyendo en su actividad ambiciosa, violenta y egocéntrica, con el fin de no tener ninguna molestia, infelicidad o inquietud. El conocerse así mismo lo debemos realizar de la misma manera como queremos conocer el modo de llegar desde aquí a un determinado lugar que necesitamos llegar, o sea, observando y estando alerta a todo el contenido psicológico, intelectual, emotivo, sentimental.

La opinologìa social es quien más considera que el conocimiento de sí mismo es una pérdida de tiempo y un sin sentido, de modo que han utilizado la negación de lo que es, para llegar a considerar positiva la crueldad, lo que le ha posibilitado la proyección de sus propios temores y esperanzas como ideario intelectual y ello ha llevado al pensamiento a los más grandes estragos, siendo el neoliberalismo el corolario máximo de dichos estragos con el genocidio silencioso más cruel y perfecto de la historia humana por su duración y cantidad de víctimas. El servilismo de la filosofía a las ideologías sociales y los consecuentes regímenes totalitarios que fueron su consecuencia, hizo olvidar por completo el amor a la sabiduría a la cual se debe. Es obvio que ese amor debe comenzar por el conocimiento propio y desde ahí proyectarse al resto del vivir.

La ausencia de conocimiento propio para la mente filosófica significa orientar el pensamiento humano desde una conciencia fragmentada, la cual es permisiva a la distorsión, ya que el mundo y los acontecimientos del vivir pueden hacernos pensar erróneamente que entendemos. En realidad no es tal el caso porque no sabemos cuáles son los propios limites del conocimiento y ello nos lleva a la falsa orientación del pensamiento por nuestra ignorante arrogancia.

Es evidente que la mayor amenaza que enfrenta la ciencia hoy es la de perder su sitio privilegiado en la jerarquía de las distintas disciplinas y pasar a ser algo parecido a la critica literaria por haber llegado a su fin, de modo que la filosofía debe salir de su obsesión particular de ser un método que simplemente analiza y supone, para volver a ocupar el lugar que dejó vacante por sus eternas concesiones y acomodos a las modas del pensar humano, para dar orientación a lo que la ciencia se encargó de vaciar de contenido y sentido.
Con la teoría del Big Bang, los desarrollos de la teoría cuántica comienzan a converger con los de la relatividad, de modo que cabe preguntar al universo ¿por qué? La pregunta que se impone a continuación es sí será la ciencia, la filosofía o el propio universo quien responderá la pregunta final.