Autoconocimiento y Política (El Mundo Hoy)

Entre nubes. la luz

Una corriente pandémica recorre el mundo desde el momento del Big-Bang o Creación, hasta los días de hoy, y es; la plaga de la ignorancia. Vemos, donde quiera que vallamos, dolor, confusión, violencia y sufrimiento. El pensamiento humano ha intentado descifrar y descubrir las raíces de la infelicidad humana y para ello a desarrollado cientos de miles de teorías, argumentos, análisis e hipótesis. A continuación de estas conjeturas intelectuales a pasado a la creación de filosofías, creencias, doctrinas e ideologías de las más diversas y múltiples disciplinas. Pero a pesar de todo esto, el dolor, el sufrimiento, el desespero, el conflicto, la violencia, la confusión y la ignorancia continúan. Este enjambre de doctrinas, creencias e ideologías, arrastro al hombre al racionalismo excesivo, en donde la realización personal se termino midiendo en términos de competividad, productividad, eficiencia, buena memoria, status y acumulación de capital y no en el desarrollo de virtudes interiores.

Las teorías sociológicas, económicas, históricas, dieron pie al nacimiento de las doctrinas políticas; mientras que las teorías psicológicas, filosóficas y determinados hábitos, costumbres, con particulares culturas y tradiciones, dieron nacimiento a las creencias religiosas. ¿Qué ha unido a estas teorías? ¿Cuál es punto en común que tienen estas doctrinas? Que todas ellas se basan y se fundamentan en “Teorías Infalsables”, lo cual les ha permitido y les permite hasta el día de hoy “reinterpretar la evidencia” (cuantas veces consideren necesario) para mantener la hipótesis y que esta termine siendo verdadera. Todos sabemos que la ciencia se fundamenta en “teorías falsables” que permiten que cualquiera pueda demostrar la equivocación de la misma y si ello es comprobado, la hipótesis se desecha por completo. No es esto lo que pasa obviamente ni con las ideologías políticas ni con las creencias religiosas. Así la política se convirtió en el psicoanálisis de la sociedad y el psicoanálisis en la política del individuo, puesto que tanto la política como el psicoanálisis se fundamentan en el pasado para realizar sus proyecciones, pronósticos, aseveraciones, vaticinios, predicciones y anuncios, sobre el futuro. Ello es posible porque su “teoría infalsable” le permite todo, lo que se les antoje y como se le antoje y a la hora que se les antoje. Si se equivocan simplemente deben cambiar el argumento para volver a intentar que su hipótesis se convierta en verdad y así… ad-eternum.

Del lado de la realidad, (en la practica del diario vivir cotidiano) continua el conflicto, el dolor, la confusión, la violencia y la ignorancia. Los hombres que sufren estas consecuencias desastrosas continúan depositando su fe (al mejor estilo religioso) en los carismáticos lideres que representan a estas doctrinas, “ignorando” que la única verdad que ellas encierran son “promesa para el futuro”. Vale decir, todo queda suspendido para después, para mañana, pero ese mañana nunca llega, puesto que todavía lo seguimos esperando. La religión ¿no se basa en la promesa y en la esperanza del futuro, donde se le arreglara la vida al hombre? O sea, la política y la religión terminan siendo sorprendentemente “iguales de diferentes”.

¿Qué es política para mí? Llamo política a aquella mente que esta entregada al sacerdocio social, no a la mente que creen en la izquierda o la derecha, en el centro o en los extremos, en los liberales o conservadores. Ello para mi no es política, aunque así se los denomine. No es política para mi la mente que busca recompensas ideológicas, de liderazgo o intelectuales, esa mente que esta interesada en el poder, en ser la salvadora del mundo. Ello para mi es simplemente una mente obsecuente, y como sabemos, toda mente obsecuente es una mente irreflexiva, automática, mecánica, que simplemente piensa de acuerdo al patrón de pensamiento que adopto como verdad irrefutable. Ello para mi no es política. Política es un sacerdocio social en donde lo importante es servir al hombre sin buscar o tener recompensa presente ni futura alguna. Es simplemente servir al otro, no porque ello sea un merito, sino porque simplemente hay que hacerlo. Llamo política al acto desinteresado, absolutamente desinteresado, donde no se espera nada a cambio del servicio social prestado. Llamo político a aquella mente que se encuentra libre de ambiciones, codicias, violencia, ira, resentimiento. Eso para mi es un político.

Aquella mente que alimenta la ignorancia desde el culto de una doctrina y que proyecta para justificar su ambición de poder, propagandizandola con la finalidad de sumar acólitos, esa mente, vale decir, ese ser humano, no es un político, no es un servidor social, esa mente simplemente es una mente obsesionada por la muleta psicológica que le obnubila el pensar debido a la obsecuencia a la cual debe someterse para cumplir con los dictados, normas y principios de esa doctrina que le ciega toda visión holística del vivir y de la vida. La propia adquisición de una muleta psicológica (doctrina, creencia, ideología) revela por si misma la ausencia de libertad en la mente y la consecuente falta de claridad en el pensar.

El vivir nos encierra en el mundo cotidiano, el cual es regido y gobernado por el pensar. La economía y los problemas sociales nos atosigan, nos envuelven, y a partir de ello planificamos la sociedad; la educación, la justicia, las leyes, las normas, los valores, etc. El súper poder mediático del periodismo alimenta la ignorancia, que encierra a la totalidad del vivir y la vida, en el 1% de lo que es la compleja existencia humana, vale decir, en la política. El 99% restante, de aquella inmensidad que es la vida en su totalidad, queda huérfana y aislada de nuestra existencia cotidiana, de modo que terminamos auto-convencidos que solo la política es lo importante e imprescindible en nuestro vivir y que ello resolverá nuestra búsqueda de dicha, paz y felicidad. Como esto se transforma en cultura y tradición, de la particular sociedad donde vivimos, adoptamos la forma y el esquema de pensar de la victima que no es responsable de nada. De nuestra desdicha, conflicto y confusión, siempre el culpable es el otro, los demás, la sociedad, el gobierno, el imperio, el mundo, la mala suerte o Dios. No importa quien, siempre el culpable es alguien, no nosotros. Esta visión es la que nos da y nos alimenta el vivir. Responsabilidad nuestra es no cuestionarla. Responsabilidad nuestra es no realizar una revolución absoluta en nuestro pensar. Responsabilidad nuestra es, nuestra desdicha, ausencia de inteligencia, paz y felicidad. De nadie más, puesto que: ¡Lo que siembres cosecharas!