¿Ecólogos o Ególogos?

LA EGOLOGIA: Sabemos que la moda que infecta al mundo hoy es la egología; además de ser lo social, cultural, política, espiritual y filosóficamente correcto. La confusión que me crean los egolos es que nunca puedo descifrar si su dedicación es a los problemas del planeta lo realizan con la simple finalidad de ayudar a la humanidad en la protección de la naturaleza, por la ayuda misma, o para satisfacer su imagen, arrogancia, egocentrismo y ansias de fama, éxito y el consecuente poder que toda moda humanista termina dando. Parece que la ensalada rusa que mezcla problemas reales de contaminación, depredación, problemas climáticos, etc., etc., con el prestigio y la reputación personal, utilizando esta noble y gran causa, es el iluminismo de creer que uno o un grupo particular esta llamado a salvar el mundo. Obviamente que ello es arrogancia notable, única, excluyente e insuperable.

Cuando una persona o un grupo adoptan la defensa de cualquier cosa (en este caso la naturaleza) y sus fundamentos se basan en los efectos y no la causa real que origina los problemas, es indiscutible que dicha ideología esta condenada al fracaso, puesto que la pregunta básica y fundamental es ¿Qué fue y es, lo que ha contaminado y ha depredado la naturaleza? Qué es lo que esta contaminado, ¿la naturaleza, el mundo o la mente humana?

Para que la política pueda tener vida larga y prolongada es innegable que tenga que fijar la causa del problema de la desdicha humana en la economía. Para hacer del periodismo un flujo de riqueza permanente y ampliada es obvio que la verdad no debe ser lo importante sino la noticia que vende más. Para que la ideología ecologista tenga éxito es imprescindible hechos que innegablemente son de índole calamitoso para la supervivencia de la humanidad con el consecuente discurso sentimentaloide-altruista.

El ecólogo se colgó el titulo de profeta-psicólogo moderno que, desde su pensamiento verde, ve como los frutos del productivismo y los consecuentes desastres medioambientales tanto del capitalismo -paradigma hoy dominante- como del antiguo marxismo, con la explotación intensiva de los recursos naturales, lleva a un cambio radical de las relaciones entre la humanidad y la naturaleza. Ecosistema, genética, medio ambiente, contaminación, biosfera, biodiversidad, calentamiento global, comida basura, organismos genéticamente modificados, la agricultura en general, los riesgos industriales, el efecto invernadero, etc., etc., estos son los pacientes a los cuales el profeta-psicólogo del medio ambiente debe atender.

Los problemas son reales, peligrosos y la codicia humana no le da tregua a la naturaleza con el justificativo del progreso ilimitado en un mundo limitado, pero con cuentas bancarias que nunca son suficientes, independientemente de que el resultado final sea la devastación absoluta y los resultados catastróficos para todos, de modo que la pregunta es ¿si la contaminada mente humana no se purifica, puede purificarse el mundo? ¿es la contaminación del ambiente el problema real o es la contaminación de la mente la causa de la desdicha humana?

Si al detectar un problema no visualizamos su causa y tomamos el efecto como la fuente y esencia del problema, se hace imposible la solución real y duradera. Para no reconocer nuestra miopía e ignorancia personal, disfrazamos nuestra arrogancia y la escondemos detrás de la gran y noble causa de la contaminación, lo que nos evita intentar descontaminar nuestra propia mente en primer lugar, de manera que ello nos autoriza a ver la realidad desde la confusión que engendra nuestro intelecto conflictivo.

La egología como toda ideología creada por el pensar humano no permite otra opción que optar por alguna de sus sectas: conservacionistas, ambientalistas, ecologistas puros [¿?], eco-política, organizaciones técnicas, ecología social, ecología normativa, preservacioncitas, biocentrismo, geocentrismo, teleologismo de la naturaleza y etc., etc. Con esta gama de sectas verdes, el profeta-psicólogo moderno de la naturaleza, se auto-convence que la ecología es una inspiración de vida, un cambio profundo de habito, costumbres y consciencia, una nueva concepción del hombre y del mundo que conlleva una nueva escala de valores y nuevas normas de comportamiento, vale decir, se ha convertido en el ser humano social e intelectualmente correcto, encontrándose en un plano superior y frontalmente ético, lo que equivale a tener un papel clave y preponderante en el porvenir de la humanidad. O sea, humildemente se ha convertido en la mezcla perfecta de Gandhi con el Che Guevara, creyéndose destinado a estar llamado para salvar a la humanidad… ¡humildemente hablando!

Que es peor ¿la contaminación del ambiente o la contaminación arrogantes de estas mentes salvadoras?

Si la causa de la contaminación del planeta obedece a la profanación, corrupción, podredumbre, fermentación, perversión, degeneración, decadencia, avaricia, ambición, codicia y descomposición de la mente humana, entonces lo esencial a tratar es sobre nuestro auto-conocimiento antes de emprender cualquier causa ilustre, distinguida, altruista e insigne que solamente nos permite evadir el enfrentamiento con nuestras miserias humanas que es quien causa y origina toda la desdicha humana, lo que incluye a la contaminación y destrucción de la naturaleza.

Esconderse detrás de una causa ignorando quien es uno (no como es uno) es como tener un millón de vacas en la india y estar muriéndose de hambre en la peor de las miserias. La ignorancia es la mayor enfermedad, virus, depredación y contaminación que a plagado a la humanidad desde su aparición en el planeta. El pensamiento crea el problema, el pensamiento inventa la solución y tratando de las consecuencias que el pensamiento se encarga de concebir se cree que contribuimos a la solución de cualquier problema humano, pero lo que ni siquiera sospechamos es que con ello alimentamos la contaminación de la mente y como consecuencia del planeta. En otras palabras el ególogo es tan contaminador de la ignorancia humana y como consecuencia del planeta como aquellos a los que acusa y persigue.

¿CÓMO PODEMOS DEFENDER A LA NATURALEZA EXTERNA, SIN CONTRIBUIR A DESTRUIRLA, SI NO ESTAMOS EN ARMONÍA CON NOSOTROS MISMOS?